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LEYENDAS
CANARIAS Y GUANCHES: 1
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Las Leyendas, relatos fabulosos con una base
histórica: Leyenda del Drago Milenario, el salto
del enamorado, Leyenda de Guayota el Maligno, la leyenda
de Amarca, la llegada de la Virgen de los Reyes...
Relación de varias leyendas canarias con basadas en
relatos fantásticos con connotaciones de la realidad
histórica de las Islas Canarias. |
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· EL DRAGO MILENARIO: Una
tarde en la remota antigüedad, cierto navegante mercader
llegaba de las costas mediterráneas en busca de sangre de Drago
producto muy en boga y de gran importancia en la elaboración de
ciertas preparaciones de la farmacopea, y desembarcó por la
playa de San Marcos, de Icod de los Vinos para llevar a efecto
su lucrativo propósito. Estando ya en la playa sorprendió allí
a unas infantas o damas de esta tierra, que conforme al rito
tradicional se bañaban solas en el mar aquella tarde veraniega.
El intruso navegante las persiguió, logrando apoderarse de una
de ellas. Esta trató astutamente de conquistar el corazón del
extraño viajero para lograr huir, y con signos de consideración
y amistad le ofreció algunos hermosos frutos de la tierra. Para
aquel navegante que venía detrás de la sangre del Drago, y traía
metido en la imaginación y en el alma el mito helénico de las
Hespérides, los frutos que aquella dama de esta tierra le
ofreciera, pudieron muy bien parecerle las manzanas del mítico
jardín. Mientras él comía gustosamente desprevenido, la bella
aborigen saltó ágil al otro lado del barranco, y velozmente
huyó hacia el bosquecillo cercano escondiéndose tras la arboleda.
El viajero sorprendido en principio trató de perseguirla de
cerca, pero vio con sorpresa que algo se interponía en su
camino, que un árbol extraño movía sus hojas como dagas
infinitas, y que el tronco parecido al cuerpo de una serpiente
se agitaba con el viento marino y entre sus tentáculos se
ocultaba la bella doncella guanche. El navegante lanzó un dardo
que llevaba en sus manos, contra lo que a él se le figuró un
monstruo, con gran miedo y asombro y al quedarse clavado en el
tronco, del extremo de la jabalina empezó a gotear sangre líquida
del Drago. Confuso y atemorizado el hombre huyó laderas abajo,
se metió en su pequeña barca y se alejó de la costa; porque
iba pensando en su corazón, que había sorprendido en el jardín
a una de las Hésperides a la que salió a defender el mítico
Dragón...
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EL SALTO DEL ENAMORADO: Hace
muchos años vivía en el término de Puntallana, en la isla de
La Palma, una joven de familia acomodada que poseía una
extraordinaria belleza. De ella estaba locamente enamorado un
joven pastor que no perdía ocasión de contemplarla cuando salía
de su casa, sabiendo que su condición social no le permitiría
jamás acercarse a revelarle su pasión. Un domingo, a la salida
de la misa, la muchacha. sabedora de los amores del pastor, se
acerco a éste y le dijo que se desposaría con él si era capaz
de dar tres saltos en un terrible precipicio que está debajo
del lugar denominado La Galga. Aunque la joven pensó que su
enamorado no se atrevería hacerlo, al siguiente día éste
convoco a los vecinos para que fuesen testigos de su hazaña.
Tomó una lanza en sus manos y se dirigió al borde del
precipicio y, dando un gran salto, lanzó su cuerpo al vació. -
¡ Por los aires de Dios -!, gritó
el pastor cuando iba por el aire.
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Pero no tuvo
suficiente impulso como para sortear el profundo agujero y murió
estrellado, sin que jamás se pudiese hallar su cuerpo. Se
cuenta que la muchacha enloqueció, a causa de esta tragedia, y
nunca mas salió de su casa, excepto cuando pasaba algún
entierro. Entonces corría desesperada hacia el féretro,
gritando el nombre del pastor, pensando encontrarlo en su
interior.
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GUAYOTA EL MALIGNO: El aire
andaba espeso, turbio y ardiente. Las nubes se arremolinaban
tropezando entre ellas y las aguas del mar andaban revueltas.
Los animales estaban inquietos, hasta la coruja que sólo
merodea en lo oscuro, voló bajo la luz. Aquellos signos
presagiaban que Guayota estaba próximo. Apareció Guayota y se
apoderó de Magec, el sol, dejando el cielo a oscuras. Todo fue
una noche cuando aún era el día. Rogaron entonces a Achamán
los guanches, para que tuviera misericordia, que devolviese al día
sus luces, que su poder librase de todo daño. Achamán
atendió las súplicas y acudió dispuesto a defenderlos.
Guayota, con Magec prisionero, se había ocultado en los
adentros de Echeyde (Teide).
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Allí
fue a buscarle Achamán. Cuando lo halló, el suelo se abrió en
truenos, estampidos y temblores que aturdían a las islas más
lejanas. fue el comienzo del combate. Por el cráter de Echeyde,
Guayota arrojaba humos, peñascos encendidos, lenguas de lava,
azufres y escorias con los que intentaba doblar a Achamán. Aire
y cielo se convirtieron en un lamedal hirviente tan encendido en
brasas que causaba espanto. Y prosiguió Guayota vomitando
fuegos hasta que Achamán, al fin, logró vencerle. Como castigo
a su maldad lo encerró para siempre dentro de Echeyde. Después
devolvió a Magec al cielo para que siguiera iluminando la
tierra, y enseguida el día volvió a ser día y se aquietaron
las aguas y las nubes. Guayota, cautivo desde entonces, aún
respira en lo más alto de Echeyde.
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· LA LEYENDA DE
AMARCA:
En viejos romances canarios corría
de boca en boca la triste historia de Amarca, la celebrada
doncella indígena. Tan gallarda era su figura, tan peregrina su
belleza que llegó a ser envidiada de todas las doncellas. Tenía
su morada en las bellas alturas de Icod. Su rústico albergue
parecía como un nidal colgado en las crestas de la montaña,
para sustraerse a las miradas y a las ambiciones, esas aves
rapaces, embaucadoras, que se llevan a las muchachas guapas.
Hasta el rústico hogar de la doncella llegó un día Belicar,
el último Mencey , Rey y señor de los dominios de Icod y se
quedó atónito y deslumbrado ante la extraordinaria belleza de
la joven. Desde aquel día memorable se acrecentó su fama y
corrió como fausta noticia por todo el Menceyato. Una condición
tenía la moza que contrastaba con lo humilde de su linaje: su
natural altivo y desdeñoso. Amarca se veía continuamente
asediada de amores por muchísimos hombres y otras tantas veces
sembró el dolor y la decepción en sus amantes. ¿ A quién
amará Amarca?, preguntábanse intrigada los zagales. ¿Para quién
será el corazón de aquella belleza hija del Teide?. Guarecida
a las faldas del coloso siempre entre las nieves. Uno de los más
aguerridos vasallos del Reino, Garigaiga, el pastor, había
enloquecido por Amarca. Ella esquivaba su cariño; repudiaba su
pasión local, desenfrenada. Repelía al hijo del Volcán, el de
la tez y morena y los brazos recios como robles.
Enloquecido por el
dolor de verse desdeñado, una tarde mientras los horizontes se
teñían de sangre y el sol moribundo plateaba las aguas del Océano
como un riera de luna en una noche de misterio, vió que
Garigaiga, en el borde de un alto precipicio, agitaba sus brazos
como banderas en la premura. Vió arquear el cuerpo hacia
delante, hundir la cabeza sobre el pecho y partir veloz hacia el
abismo. La noticia del trágico suceso no tardó en extenderse
por todas partes. Las mujeres, culpaban su egoísmo, y a sus
desdenes atribuían la muerte del pastor. De pronto Amarca
desapareció, nadie sabía cual había sido el destino de la
doncella. Sólo un anciano que una mañana la había visto
descender de las cumbres y caminar como una sonámbula hasta las
orillas del mar, se hallaba en posesión del secreto. Que no la
buscasen más, parecían decir sus labios fríos y trémulos
plegados para siempre, y el anciano aquél lo contó todo. Una
semana al brillar los primeros destellos del sol, vió que
Amarca se arrojaba al abismo, y después de luchar con el bravo
oleaje, se la llevaba mar adentro una ola alegre y corretona
como un niño.
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Era la época del "Beñesmén", de la sazón y de la
riqueza de las mieses, eran los días de placidez y de luz, y
todo se sumió en sombras y lágrimas... Amarca había aparecido
muerta sobre las arenas de la playa, la habían matado un
remordimiento muy hondo. El Mencey Belicar mandó que se
cantasen tristes endechas; que se encendiesen luminarias en los
cerros, y que los más fornidos mozos, como real costumbre en
los días aciagos, azotasen con sus varas las aguas del mar.
Mandó también que se ungiese su cuerpo con los más olorosos
perfumes, que no en vano era la flor más preciada de la
comarca. Al cabo de los años
cuando algún nocturno caminante cruzaba las cumbres del Teide,
un lamento extraño escalofriante, le detenía acongojado. Era
una voz débil, apagada, dolorida, que parecía surgir del fondo
del barranco. Era aquel mismo clamor de súplica, de pena, de trágica
agonía que tantas veces balbucearan los labios febriles de
Garigaiga, el loco: "Amarca......hermana Amarca".
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LA LLEGADA DE LA VIRGEN DE LOS REYES: Transcurría
el invierno de 1545 cuando unos cabreros apacentaban su ganado
en La Dehesa, en El Hierro, como ha sido costumbre de los
pastores de aquella isla desde tiempos inmemoriales. La
proximidad de un barco que navegaba hacia el Oeste llamó su
atención y buscaron un lugar donde contemplarlo a placer. El
velero traspuso la punta de Orchilla. Sin embargo, no transcurrió
mucho tiempo antes de que girase y volviera sobre su propia
estela a penetrar nuevamente en el Mar de las Calmas. Se detuvo
en la rada. Los pastores se acercaron más para ver mejor que
sucedía. Observaron cómo los tripulantes maniobraban con el
velamen hasta que lograron enfilar nuevamente la proa rumbo a
occidente y rebasaron otra vez la punta de Orchilla. Al poco
tiempo de haberlo hecho, se torció la ruta de la nave y regresó
a la bahía por segunda vez. Este extraño comportamiento
continuó repitiéndose una y otra vez, hasta que los herreños
decidieron poner sobre aviso al alcalde Bartolomé Morales, el
cual decidió bajar al día siguiente con un grupo de hombres
armados para ver que sucedía. Mientras, la nave continuaba
intentando abandonar el Mar de las Calmas sin conseguirlo,
porque cada vez que lo intentaba el viento cambiaba de dirección
y lo devolvía a pocos metros de tierra firme. Los marinos
estaban tan confusos como los pastores. Así, cuando vieron que
un grupo de isleños se acercaba a la orilla, echaron una barca
y fueron a su encuentro para informarles de lo que sucedía.
Tras un rato de charla, volvió cada uno a su tarea: los
pastores a sus cabras, los marinos a luchar contra aquel
viento extraño y circular.
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Pasaron
horas, días, semanas ..... y la nao continuaba su
extraordinaria navegación redonda. Sucedió que el agua y los
alimentos de a bordo tocaron a su fin y se avisó a Bartolomé
Morales para que les vendiese comida. El capitán le comento que
no tenia dinero. pero que podría darle a cambio una imagen de
la virgen Maria que tenia en el barco. Se pusieron rápidamente
de acuerdo y el trato se llevo a efecto el día 6 de Enero del
nuevo año de 1546. Entonces comenzó a soplar una brisa que
impulso la nave hacia el Oeste, al tiempo que los herreños
depositaban la imagen en una de las cuevas de Caracol. Los
vientos no cambiaron esta vez y el barco fue empequeñeciéndose
en el horizonte. Por ser el día de los Reyes Magos decidieron
llamar así a la imagen recién adquirida: Virgen de los Reyes,
como aún se le conoce. El 25 de abril de 1577 se terminó de
construir la actual ermita, cerca de la primitiva cueva.
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Leyendas
canarias (1)
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