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LEYENDAS
CANARIAS Y GUANCHES: 1 - 2 |
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Las leyendas, relatos fabulosos con una base
histórica: La leyenda de Gara y Jonay, el pico
Garajonay de la Gomera. La leyenda de la Reina Ico, la
leyenda del Garoé en el Hierro, la maldición de
Laurinaga, la muerte de Doramas en Arucas, el grito más
fiero; el grito de Ferinto ... |
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· LEYENDA DE GARA Y JONAY: Según
la leyenda en la Gomera, existían entonces, siete lugares de
los que emanaba agua mágica y cuyo origen nadie conocía. Estos
siete chorros, aparte de regalar virtudes revelaban también,
cuando te mirabas en sus aguas, si ibas o no a encontrar pareja.
Si el agua era clara, el amor llegaría, pero si se enturbiaba,
poco había que esperar. Se aproximaban las fiestas de Beñesmén
y un grupo de jóvenes gomeras acudieron a Los Chorros de Epina
para mirarse en él. Entre ellas se encontraba Gara, princesa de
Agulo. Se asomó y al principio le devolvió una imagen
tranquila y perfecta, pero luego surgieron sombras y comenzó a
agitarse... Gerián, el sabio del lugar, le hizo una
advertencia: "- Lo que ha de suceder ocurrirá. Huye del
fuego, Gara, o el fuego habrá de consumirte". Gara calló,
pero el triste presagio corrió de boca en boca.
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En las vísperas de las fiestas, llegaron de Tenerife los
Menceyes y otros nobles. El Mencey de Adeje venía con su hijo
Jonay, joven fuerte y apuesto. Gara no podía dejar de
observarlo, y en cuanto sus miradas se encontraron, el amor los
atrapó sin remedio. Poco después, aún en fiestas, su
compromiso fue público. Pero he aquí que en cuanto se empezó
a propagar la feliz noticia, El Teide, antes conocido como
Echeyde (infierno), empezó a escupir lava y fuego, con tanta
fuerza que desde la Gomera el espectáculo era aterrador.
Recordaron el presagio dado a la inocente Gara: Gara, princesa
de Agulo, el lugar del agua; Jonay, puro fuego, procedente de la
Isla del Infierno... Aquel amor era entonces, imposible. Grandes
males se avecinaban si no se separaban. Entonces sus padres
ordenaron tajantemente que no volvieran a verse. Ya apaciguado
el volcán, y concluidas las fiestas, regresaron a Tenerife
todos los visitantes, más uno se fue con el alma vacía y el
pecho quebrado.
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Cuentan que Jonay se lanzó al mar en medio de la noche, para
nadar hasta su amada. Dos vejigas de animal infladas atadas en
la cintura le ayudaban a flotar cuando las fuerzas se le
agotaban. Larga fue la travesía y ya con las primeras luces del
alba llegó a su destino. Furtivamente fue en busca de su amada,
y al encontrarse, se abrazaron apasionadamente. Escaparon por
los bosques gomeros y bajo un cedro se entregaron a la pasión y
al amor. El padre de Gara, enterado de la huida de su hija,
salió furioso en su busca. Los encontraron amándose, y cuando
los jóvenes se percataron de su presencia, buscaron la única
salida posible... Una implacable vara de cedro afilada, colocada
entre ellos, uniendo sus corazones fue su aliado mortal. Mirándose
a los ojos, se apretaron el uno contra el otro, traspasándose y
dejándolos unidos para siempre". Gara, princesa del agua,
y Jonay, príncipe del fuego, dan nombre hoy a la cumbre más
alta de la Gomera y al Parque Nacional de Garajonay.
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LA LEYENDA DE LA REINA ICO:
Zonzamas reinaba en Lanzarote
cuando llegó a la isla una embarcación española al mando de
Martín Ruiz de Avendaño. Al ver la nave a distancia los isleños
se aprestaron para el combate. Transcurrido el tiempo, Ruiz de
Avendaño decidió ir a tierra en son de paz, llevando consigo
un gran vestido que regaló al rey como muestra de amistad.
Zonzamas aceptó el regalo y, en muestra de amistad, entregó al
recién llegado ganado, leche, queso, pieles y conchas, invitándolo
a descansar en su morada de Acatife.
Allí eran
esperados por la reina Fayna y sus hijos, Timanfaya y Guanareme.
Como huésped de los reyes pasó Avendaño varios días en
Mayantigo. Mas tarde retornó a su barco y partió.
A los nueve meses la reina Fayna dio a luz
una niña de tez blanca y rubios cabellos, a la que puso por
nombre Ico. El pueblo murmuraba y renegaba de la princesita y de
su origen. Así transcurrió el tiempo, y la niña creció sana
y hermosa al cuidado de Uga, su aya. Transcurrido el tiempo
Zonzamas y Fayna murieron. Los Guaires, reunidos en asamblea,
proclamaron rey a Timanfaya. Con el paso de las estaciones Ico
se fue convirtiendo en una bella joven. Guanareme se enamoró de
ella y acabó por hacerla su esposa. Tiempos después otras
naves vizcaínas y sevillanas llegaron a las costas de Lanzarote
en busca de esclavos. Los lanzaroteños se aprestaron para la
defensa. En la lucha muchos isleños murieron, otros fueron
hechos prisioneros y encadenados como esclavos para ser vendidos
en la Península. Entre estos últimos estuvo Timanfaya.
Desaparecido el rey, los guaires se reunieron otra
vez para elegir nuevo soberano. Este debía de ser Guanareme,
pero nadie osó pronunciar su nombre, pues si era elegido su
esposa, Ico, debería ser reina y su nobleza, origen y sangre
eran discutidos. Su piel y sus rubios cabellos recordaban
demasiado la lejana llegada de Ruiz de Avendaño y si Ico no era
hija de Zonzamas, no podía llevar la corona, así que tuvo que
huir.
Deliberaron largamente los Guaires. Finalmente
decidieron que, para llegar a la verdad, la princesa fuese
sometida a la prueba del humo. Quedaría encerrada en una cueva
acompañada de tres mujeres no nobles. Después se llenaría el
aposento con un humo espeso y continuado; si la sangre de Ico no
era noble, perecería como las otras mujeres. Si sobrevivía sería
signo inequívoco de su nobleza. El día siguiente sería
testigo de la prueba. Por la noche Uga, la niñera de Ico, la
visitó con el pretexto de animarla, pero nada más quedar a
solas, la vieja aya le dio una esponja a la princesa diciéndole
que al llegar la hora de la prueba, la empapara de agua y la
pusiera en su boca, con lo cual saldría viva de la cueva. Ico
hizo caso. Cuando fue abierta la cavidad las tres mujeres
villanas yacían muertas, mientras que ella salió con vida. En
Adelante sus súbditos no dudaron de su nobleza.
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· LA LEYENDA DEL GAROÉ:
Cuentan las
crónicas que en tiempos de la conquista hubo en la isla de Hero
(Hierro), un árbol al que los naturales llamaban Garoé, y no
conocían los estudiosos otro árbol similar en todo el archipiélago
o tierra conocida. Este era capaz de destilar el agua de las
brumas que llegaban a él, por sus grandes hojas, siendo esta
recogida en unas oquedades hechas en el suelo por los bimbaches
(antiguos herreños). No había más agua en Hero que la que
destilaba el Garoé. Era por ello que los bimbaches adoraban a
este árbol como si de un dios se tratase, velando siempre por
su bienestar y seguridad.
No obstante cuando vieron llegar a los conquistadores al puerto
de Tecorone (hoy de "La Estaca" ) temieron por su
propia libertad y reúnen en Tagoror a toda la isla, pues no era
la primera vez que los barcos piratas llegaban a aquellas islas
para diezmar a su población vendiéndola como esclavos en países
allende el mar. En dicha asamblea se llega a la resolución de
que se deben cubrir las copas del Garoé para que no sea
descubierto por los extranjeros, ya que de no encontrar agua
posiblemente se fueran, abandonando la empresa de conquistar la
isla .
Todo se hizo según lo acordado,
y habiendo guardado reservas de agua lo suficientemente
importantes como para no volver al Garoé en varias semanas e
imponiendo la horca a quien
revelase tan preciado secreto, vieron como la expedición
franco-española de Maciot Bethencourt comenzaba a sufrir las
penalidades de la sed. Fue entonces cuando una aborigen, Agarfa,
se enamoró de un joven andaluz de dicha expedición, y dejándose
llevar por el amor que le profesaba reveló el valioso secreto
del Garoé sin pensar que con ello estaba condenando a todo su
pueblo a perder la libertad. Estando Maciot al tanto de la buena
nueva, sabía que la conquista de la isla estaba próxima. Por
contra los bimbaches, viendo como su árbol sagrado estaba en
manos extrañas decidieron ajusticiar a Agarfa, secuestrándola
del campamento extranjero en donde se encontraba, ahorcándola
al alba del día siguiente.
Días más tarde Armiche ( Mencey,
Rey de Hero ) rinde homenaje al conquistador Maciot de
Bethencourt y al poco tiempo fue cautivo junto a sus más fieles
vasallos, marchando con él, la libertad y majestad del último
mencey de Hero.
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LA MALDICIÓN DE LAURINAGA:
En el siglo XV, don Pedro Fernández
de Saavedra, fue nombrado señor de las islas Afortunadas. En
Fuerteventura. Don Pedro, tan conquistador en el amor como en la
guerra, cobró fama, nada más llegar a la isla por sus
aventuras con las muchachas guanches. Se casó, al poco tiempo
de llegar allí, con doña Constanza Sarmiento, hija de García
de la Herrera, y tuvo catorce hijos, amén de todos los ilegítimos
que sembró por la isla en sus frívolas aventuras.
Con el transcurso de los años, uno
de los hijos de doña Constanza, don Luis Fernández de Herrera,
se convirtió en un apuesto caballero, heredando todos los
defectos de su padre, pero ninguna de sus virtudes. Era
altanero, petulante y conquistador; pero cobarde para la guerra.
Y le resultaba divertido seducir a las muchachas indígenas, que
le miraban como a un héroe.
En una ocasión, se encaprichó de una bellísima doncella que
había sido bautizada como cristiana con el nombre de Fernanda.
A la muchacha no le disgustaba la presencia de don Luis; pero no
se decidió a poner en juego su reputación accediendo a sus
deseos. Pasaron los meses y el galán siguió acosando a
Fernanda, que cada día se sentía más dispuesta para aquel
juego, hasta el extremo de aceptar una invitación de don Luis
para asistir a una cacería organizada por su padre.
Llegado el día, don Luis se
las arregló para estar solo toda la mañana con la ya enamorada
doncella. Comieron plácidamente a la sombra de un chopo y poco
después el joven caballero la invitó a dar un paseo. En
animada conversación llegaron a una espesa arboleda cuando ya
la tarde declinaba. Don Luíi, creyendo que ya había llegado el
momento de prescindir de galanteos platónicos, intentó abrazar
a Fernanda. Ella trató de defenderse, pero comprendiendo que le
sería imposible hacerlo, pidió socorro a grandes voces. Los
gritos fueron oídos por los cazadores, y advirtieron la
ausencia de la pareja.
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Don Pedro montó en su caballo y, en compañía de otros
caballeros, picó espuelas para dirigirse hacia allí. Antes de
que llegaran, pudo acudir un labrador indígena, que al ver la
situación de la doncella trató de defenderla de don Luis. Éste,
ofendido y molesto, desenvainó un cuchillo, dispuesto a quitar
la vida a aquel indígena. Pero no fue posible, porque, tras
unos minutos de lucha, el labrador pudo arrebatar el arma a don
Luis. Iba a clavársela, como venganza, ciego de ira, cuando don
Pedro, que llegaba a todo galope y había visto la escena se
precipitó con su caballo sobre el campesino que cayó con
violencia al suelo y murió en el acto. Entonces apareció de
entre los árboles una anciana indígena, madre del labrador,
que lanzando una mirada dolorida sobre aquel cuadro, se dio
cuenta enseguida de lo ocurrido. Levantó la cabeza para conocer
al causante de aquella muerte, y se encontró con la de don
Pedro, el caballero que la había seducido en su juventud y del
que había tenido aquel hijo que acababa de morir. La anciana al
reconocerle, ciega de indignación, le hizo saber que ella era
Laurinaga y que aquel cadáver era el de su propio hijo. Luego,
elevando los ojos al cielo, como invocando a los dioses guanches,
maldijo con voz temblorosa y acento grave aquella tierra de
Fuerteventura, por ser señorío de aquel caballero don Pedro
Fernández de Saavedra, causante de todas sus desgracias.
Dicen que a partir de aquel
momento empezaron a soplar sobre aquellas tierras los vientos
ardientes del Sahara, que se empezaron a quemar las flores y
toda la isla fue convirtiéndose en un esqueleto agonizante, que
según la maldición de Laurinaga, acabará por desaparecer.
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LA MUERTE DE DORAMAS: Desde
las alturas de Arucas, Doramas, el Guanarteme de Telde hostigaba
sin cesar las tropas de Pedro de Vera. El conquistador español,
dispuesto a terminar cuanto antes con esta situación, desplegó
a sus hombres en un cerro cercano a donde Doramas tenía sus
guerreros. Desde allí ambos ejércitos se contemplaban en
espera de la batalla decisiva.Fue entonces cuando se oyó a
Doramas lanzar un grito poderoso, desafiando a Pedro de Vera,
invitándole a luchar entre ellos de modo que aquel singular
combate dirimiera el resultado de la lucha sin derramar la
sangre de más isleños o más castellanos. Sin embargo, Pedro
de Vera, aconsejado por sus hombres, desestimó el desafío,
pero no impidió que uno de sus hombres, el hidalgo Juan de
Hozes, abandonara sus filas y se lanzara en caballo en contra de
Doramas. No tardó mucho tiempo el caudillo canario en frenar la
acometida, pues con una certera lanza lo mató. Ante esto, Pedro
de Vera, cegado por el furor, arremetió contra Doramas.
Lucharon ambos durante rato sin que la lid pareciese tener un
claro vencedor. De repente, en uno de los lances de la batalla,
uno de los escuderos del castellano hirió mortalmente a Doramas
por la espalda, el cual cayó a tierra sangrando y moribundo.
Desde allí increpó con desprecio al conquistador por su traición.
Pedro de Vera ordenó entonces que le cortaran la cabeza y la
clavaran en un pica. Así la llevaron al Real de las Palmas,
exhibiéndola como un macabro trofeo.
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EL GRITO MÁS FIERO: Cuando
Jean de Bethencourt llegó a El Hierro, vivía en la isla un
bimbache llamado Ferinto, el cual se convirtió en el tormento
de los conquistadores. Jamás los dejaba tranquilos y los
hostigaba continuamente. Por mucho que los extranjeros perseguían
a Ferinto, su agilidad era tal que no lograban atraparle. Un día
este herreño fue traicionado por alguno de los suyos y los
europeos rodearon su guarida, con la intención de prenderle.
sin embargo, Ferinto los oyó llegar y logró huir hasta el
borde de un profundo barranco, cercano a Valverde. De poco le
sirvió a Ferinto su huída, porque sus enemigos estrecharon aún
mas el cerco, hasta que se vio totalmente perdido. Mientras que
a sus espaldas estaban los castellanos, bajo su pies se abría
un horroroso abismo. Comprendió que una caída podría
ocasionarle la muerte. A pesar de todo, reflexionó Ferinto, ¿qué
es la vida, cuando se ha perdido la libertad? ¿Para qué sirven
el aire que nos rodea, las aguas que los dioses destilan de los
árboles sagrados o las montañas con sus misterios si todo eso
es ultrajado, despreciado y deshonrado por gentes que vienen a
tratarnos como esclavos?, ¿De qué sirve mi vida si mi
voluntad se trunca a cada paso ? ¿No es mejor morir despeñado
y convertir mi muerte en un acto liberal?. Ferinto cogió
aliento. flexionó sus poderosas piernas , salto... Y,
superando cualquier expectativa, logró llegar al otro lado del
cauce, poner sus pies en el lugar que hoy se conoce como
El Salto del Guanche..Sin embargo, de nada le sirvió.
Allí también le esperaban los conquistadores con las armas
prestas. La desesperación de ver su libertad perdida impulsó
al bimbache a gritar. Lanzó un grito tan fiero, tan grande, tan
alto que atravesó la isla, sobre pinares, barrancos y volcanes,
hasta llegar a La Dehesa, en el otro extremo de El Hierro, donde
su madre, al escuchar su potente voz, dijo con tristeza: ¡ Mi
hijo ha sido vencido !.
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Leyendas
canarias (2)
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